En días como hoy deseo esos abrazos que me hacían sentir segura, esos ojitos chinitos que me miraban con amor, las caricias infinitas, las películas de culto y escuchar a Frank Sinatra. Sentirme pequeñita entre los brazos de aquel gigante regalón. Los masajes, dormir en tu pecho, el desvelo con ojeras felices. Mirarnos y esperarar mi qué para reír, tu calor. Las noches son frías y la cama enorme desde que no estás.
Pero no... Nada de eso volverá.
Los recuerdos no dejan mi cabeza y me agobian y angustian y contribuyen a este estado latente de pena sin sentido en el que estoy sumida de un tiempo hasta ahora.
A la distancia, te pido perdón por haber dañado tu bonito corazón.